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Apenas hace pocos años esta clase magistral del Profesor fue entendida y la CAR declaró las 1400 hectáreas de la Reserva Forestal "Thomas van der Hammen" como un corredor entre los cerros orientales y el Río Bogotá. No es un área de exuberante naturaleza, porque con excepción de unas áreas de pantano y matorral, grandes áreas están bastante intervenidas. Pero la tan importante funcionalidad ecológica se mantiene intacta. Además, es un área por excelencia para la restauración, como ha demostrado el mismo Van der Hammen en su finca en Cota. De esta forma se creará "el mayor bosque urbano de las Américas", usando las palabras del alcalde anterior de la ciudad. Mejor dicho, es un ejemplo perfecto de cómo se debe manejar un área naturales cerca de la ciudad.

Pero ahora ¡gran frustración! En sus primeros días en el poder, el nuevo alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa decidió que esta reserva no se conserve, "porque no hay árboles". Necesita el espacio para construir edificios de apartamentos. Un hecho tan "sencillo" como un cambio de alcalde puede dañar una década de desarrollo de esta Reserva, demuestra que en nuestros países todavía no somos capaces de administrar el ambiente. Ni siquiera la administración de una ciudad educada ('la Atenas de América del Sur'), con poder económico y un movimiento ambiental considerable, logra mantener sus ecosistemas vitales. Por supuesto, el argumento es absurdo ("que no hay árboles"). Primero, no se trata de los árboles sino de la funcionalidad ecológica. Segundo, las áreas deforestadas también son dignas para conservar justamente para poderlas restaurar. Finalmente, si algún espacio no tiene árboles, ¿no vale? Entones, que el alcalde ponga sus edificios en pleno centro de la ciudad: ¡la Plaza Bolívar tampoco tiene árboles!

Afortunadamente, Bogotá se ha levantado y todo el movimiento ambiental, líderes de opinión y la prensa han expresado su preocupación y emitido sus argumentos. Espero que tengan éxito y que la sociedad bogotana sepa valorar su patrimonio natural más que sus proyecciones urbanistas ambiciosos.

En medio de esta polémica me pregunto: "¿Qué hubiera hecho Thomas?" Me imagino que se hubiera enfadado frente a tanta ignorancia. Seguramente iba a mover tierra y aire para frenar esta expansión urbana mal planificada. Hubiera ido a la Alcaldía con sus mapas, datos, diapositivas y así argumentar de una vez por todas que los últimos espacios naturales no se cubren con edificios. Me lo imagino invitando la prensa a su bosque restaurado en Cota para demostrar que sí se puede. Ojalá pudiera resucitar un rato