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Aunque a algunas visitantes, de pronto poco informados, estos caballos les parece lindos, fotogénicos y que añaden valor al paisaje, la realidad es un desastre ecológico. A mi me parece que ahora hay mucho más equinos que los bovinos que había antes, y que redujeron con tanto esfuerzo. Hay sobrepastoreo y hasta señales de degradación causado por caballos en toda la planicie en las colinas en el área entre los volcanes Rumiñahui, Sincholagua y Cotopaxi. De pronto la situación más crítica es alrededor de la laguna de Limpiopungo. Este humedal, conocido por su vegetación de pantano y las alta población de aves migratorias, está rodeado de caballos que caminan entre los pantanos y lo eutrofican con sus majadas. Allí un guardaparque, con muy buena razón, cuida que los turistas no pisan la vegetación vulnerable. Pero ¿cómo explicar esto, cuando hay una docena de caballos galopando por estos mismos pantanos? Mejor dicho, es tiempo que reclamamos respuesta del MAE, antes de que estos caballos se reproducen aun más, hagan más daño y, quién sabe, se extienden al Antisana o, peor, Llanganates.