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El programa Socio Bosque es un ejemplo bastante positivo de como el Estado se ha comprometido con propietarios que deciden voluntariamente conservar sus bosques, páramos y humedales. El programa da preferencia a comunidades y a pequeños campesinos pero en realidad, cualquier propietario de una porción de naturaleza es elegible para entrar en el programa y recibir un incentivo monetario anual con la condición de que proteja su área. De esta manera, en tres años de existencia del programa, Ecuador ha logrado tener más de un millón de hectáreas adicionales bajo conservación, una superficie igual a un cuarto de toda la superficie incluida en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas.

El Programa Socio Bosque organiza regularmente encuentros entre sus beneficiarios para intercambiar experiencias y tener la oportunidad de clarificar dudas y preguntas sobre la operatividad del programa. Tuve el privilegio de participar en varios de estos talleres y escuché muchas historias lindas. Aprendí que la gente valora sobremanera que el Estado reconozca (con dinero) los esfuerzos voluntarios para conservar. Mencionan que por primera vez se sienten incentivados para conservar y no obligados por la legislación. Los beneficiarios también aplauden que el programa no pone condiciones para el gasto del financiamiento recibido. Ellos destinan los fondos a actividades relacionadas con la conservación (cercas, rótulos, vigilancia) y les sobra para invertir en temas tan variados como asistencia a enfermos, becas para estudiantes, la construcción de una iglesia o proyectos productivos agrícolas. Los beneficiaros expresaron en varias ocasiones que este programa es mejor que los proyectos que realizaron con ONGs, porque éstos eran de corta duración, involucraban a poca gente y no dieron ingresos directos.

En el campo los efectos del programa ya son visibles. En el caso del páramo, no siempre fueron incluidas las áreas más prístinas. Sin embargo, la regeneración ha sido impresionante, simplemente al eliminar la quema y retirar el ganado. Los propios campesinos mencionan que "no sabíamos que la paja podía crecer tan alto". La conciencia de la gente aumentó mucho: aunque el programa permite manejar ganado en baja intensidad, la mayoría de los propietarios ha decidido sacar todo el ganado considerando que "si colaboramos con la conservación, hay que hacerlo bien y no a medias". También es notable la mayor presencia de fauna y la gente disfruta de mayor avistamiento de conejos, venados y zorros. Inclusive, en ciertos casos ha sido tan exitoso, que la gente considera "que se nos fue de las manos": los agricultores y ganaderos alrededor de las áreas de conservación están preocupados de que pumas y osos hagan daño en sus fincas. Afortunadamente aun hay pocos conflictos reales entre la gente y los animales silvestres. Inclusive los propios afectados lo califican, con una sonrisa, como una señal de que "la biodiversidad está tomando revancha".