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En enero tuve la oportunidad de visitar los páramos centroamericanos, en Costa Rica. A primera vista, una persona andina no los reconoce como páramos porque tienen una vegetación bastante alta, de bambúes, y la paja domina en pocas partes. Lo que pasa es que la Cordillera de Talamanca, donde se ubican, es uno de los macizos montañosos más angostos del mundo. Por esto, las cimas tienen influencia de los dos océanos cercanos, causando una enorme humedad y fuertes vientos. Esto dio origen a un páramo de bambúes, intercalado con humedales y turberas. Este tipo de páramo es similar a los páramos más orientales y per-húmedos de los Andes, que son menos visitados y conocidos que los típicos pajonales. Además, en Centroamérica, como en muchos páramos del Ecuador y Perú, no hay frailejones pero allá, este nicho está ocupado por helechos gigantes. 

Lo maravilloso de los páramos de Centroamérica es su estado de conservación. Los encontramos en un total de nueve montañas en Costa Rica y tres en Panamá y con excepción de dos, no tienen acceso por carretera. No están habitados y no tienen otro uso más allá que el eco turismo muy regulado. Todos los páramos se encuentran en parques nacionales y la gran mayoría están incluidos en el Sitio de Patrimonio de la Humanidad bionacional Cordillera de Talamanca-La Amistad, y en la Reserva de la Biosfera La Amistad. Finalmente, algunos son declarados sitio Ramsar. Quiere decir que tienen no menos de cuatro designaciones de conservación! El bajo nivel de amenaza me consta: en el páramo que visité (uno de los pocos que tiene acceso por un camino de tierra), los guardaparques que me acompañaron estaban muy consternados porque vieron la huella de una bicicleta de montaña. ¡Grave daño ambiental! También me contaron sobre la presencia de quemas (por accidente o vandalismo); en promedio una vez cada 10 - 15 años y "¡afectando hasta 20 hectáreas!". Cuando les comenté que en los Andes todavía es común ver caravanas de autos 4x4 y quemas anuales de miles de hectáreas se dieron cuentan que tienen una situación de lujo. 

Sin embargo, los páramos de Costa Rica tienen algún nivel de acceso y por esto algo de intervención. Además, son bien conocidos por la gran densidad de investigadores extranjeros en Costa Rica que han ayudado a visualizarlos. Al contrario, los páramos de Panamá (apenas 2000 hectáreas) son muy poco conocidos pero aun más conservados porque son prácticamente inaccesibles. Están ubicados en la frontera con Costa Rica, lejos de centros poblados, rodeados por densos bosques de montaña del Parque Internacional La Amistad. Ni los propios Panameños están consientes de que viven en un país paramero. Esto se refleja en que Panamá no participa en redes internacionales para la gestión de páramos, como es el comité de Humedales Alto Andinos en donde Costa Rica es un miembro activo. Por esto me gustaría hacer una llamada para que Panamá se una a la familia de parameros, país con la menor extensión de páramos pero los más conservados.