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Hace aproximadamente un mes, Ana Sabogal del Ministerio del Ambiente de Perú declaró a INFOANDINA que si bien la huella ecológica de Perú es menor que el promedio permitido, la de la población de Lima es mayor. Detrás de esta breve aclaración hay una enorme realidad: si bien nuestros países no son tan contaminantes, hay grandes grupos sociales que causan un gran impacto ecológico. Esto da otra dimensión a la posición tradicional que toman nuestros Estados en los debates de las conferencias internacionales: "la crisis ambiental es causada por otros, pero los que sufrimos somos nosotros". No es válido comparar siempre a nivel de países; hablamos de un problema global y esto debe ser confrontado en conjunto, a todo nivel. Quiere decir que cada ciudadano global tiene su responsabilidad y el análisis por país puede ser artificial. Claro que es verdad que países como Estados Unidos o Rusia aportan mucho más a problemas como el cambio climático que Perú o Bolivia, pero hay centenares de miles de Peruanos y Bolivianos que aportan igual (o más?) que el Estadounidense o Ruso promedio. Posiblemente, cada persona que representa a nuestros países y expresa la posición de "víctima ecológica" en las convenciones, tiene una gran huella ecológica y en su vida personal aporta tanto a los problemas ambientales como el negociador al otro lado de la mesa.

 La COP sobre Cambio Climático realizada en diciembre pasado otra vez logró poco avance. La principal razón es que ningún país quiere hacer una concesión de verdad en su estilo de vida. Y nosotros, los ambientalmente conscientes y preocupados, somos rápidos en criticar esta ineptitud. Pero a la vez, a nivel personal no somos angelitos! La clase media y alta en los Andes, tiene un estilo de vida similar a cualquier ciudadano europeo o norteamericano. La mayoría de los académicos, funcionarios de gobiernos, de ONG etc., pertenecemos a este grupo social. Generalmente tenemos un auto, una buena casa, una cómoda serie de electrodomésticos, subimos regularmente a un avión por vacaciones o trabajo y muy pocas veces compramos alimentos orgánicos. Soy el primero en admitir que hago todas estas cosas y a pesar de que trato continuamente de aplicar los 3 "re" (reducir, reusar, reciclar), sé que mi conducta es ambientalmente dañina. Soy un contaminador. 

Es tiempo que nuestros países reconozcan que aparte de víctimas también son causantes de la crisis ambiental. Y esto solamente se puede hacer cuando sus habitantes reconocemos que a nivel personal somos contaminadores, igual que nuestros hermanos en países industrializados. La buena noticia es que al reconocer que somos parte del problema, nos permite ser parte de la solución. Por esto invito a cada uno y cada una, declararse contaminador para que nuestro compromiso con la solución sea mayor. ¡Un feliz y más ecológico año nuevo!