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Me permito contar unas experiencias personales que indican que sí hay algo que celebrar. Hace un par de años visité a Sangarará, un pueblo muy aislado en la puna cuzqueña, que fue atendida por un proyecto de telecomunicaciones. El simple hecho de que podían conocer el precio de la papa en el mercado por internet, conversar con su familia lejana y hacer una consulta médica por teléfono cambió sus vidas de forma inimaginable. Ahora en noviembre conversé con don Luis, un habitante de Quero en Ecuador, beneficiario del programa Socio Bosque. El me confirmó que, más que el dinero que recibe, se siente por fin reconocido por ser guardián de su páramo. También me encontré por casualidad con Antonio, un joven con quién hace 10 años participé en un proyecto de conservación de áreas protegidas en las montañas de Colombia. En ese entonces, era egresado de una universidad rural y no encontraba oportunidades para seguir su sueño de estudiar; hoy está terminando una maestría en ecología, becado por la Universidad de los Andes en Mérida. Son anécdotas, pero ilustran que programas, relativamente sencillos de desarrollo, de financiamiento y de investigación han contribuido a mejorar la vida de muchas pobladores de montaña, de muchas maneras y esto es razón suficiente para celebrar. 

En el día de la madre, del padre, del amor y la amistad y hasta de los animales solemos dar regalos a los seres queridos ¿Será que también podemos dar un regalo a las montañas? Si bien hay muchos cambios positivos, también hay mucha gente que no tiene nada que celebrar todavía. Desastres naturales, conflictos armados, marginalización y pobreza siguen afectando la vida de muchos habitantes en la montaña. Este grupo merece un regalo, y el mejor regalo que les podemos dar es pensar en ellos el 11 de diciembre. Hay que seguir impulsando un cambio positivo en las montañas, para que más y más vidas individuales mejoren. 

Pensando en la gente de Sangarará, en don Luis y en Antonio, estoy convencido de que el décimo día internacional será una celebración para la vida en las montañas. Pero será un solo día de celebración porque después sigue el trabajo fuerte, de cada día del año, para poder dar el regalo que merece toda esta gente a quienes todavía no les ha llegado el cambio positivo. ¡Feliz día de las montañas!