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La atención global a la problemática de las alturas recibió un empujón fuerte en el año internacional de las montañas en el 2002. Diez años después, noto definitivamente un gran avance en cuanto a la visibilidad de las montañas en los congresos mundiales: por ejemplo, la CMNUCC las ha reconocido entre los paisajes más amenazados por el cambio climático, la UICN tiene un grupo de trabajo intersectorial sobre el tema y el CDB lanzó un Programa de Trabajo específico. El informe sobre la efectividad de este último Programa muestra resultados concretos: hay un buen progreso en la mitigación de las amenazas, en la creación de áreas protegidas ( un 10% de toda la superficie), en la promoción de uso sostenible de recursos y generación de conocimiento sobre montañas. Sin embargo, no todo es color de rosa, hay poco progreso en varias metas, especialmente en las sociales (participación, equidad, conocimientos tradicionales). 

Aunque las montañas reciben una buena atención en estos congresos, siento una saludable envidia por otros paisajes, como los humedales y bosques, que tienen una posición mucho más visible en las negociaciones internacionales. Ambos tienen su propio foro intergubernamental (la Convención Ramsar y el Foro de las Naciones Unidas sobre Bosques). Dentro de los congresos mundiales generales, estos temas convocan a miles de personas. Por ejemplo, para asegurar una participación en el tradicional "día de los bosques" en el CMNUCC hay que inscribirse con meses de anticipación, mientras que el tema montañas suele ser tratado en side events relativamente pequeños. Aunque están bien organizados y emiten mensajes importantes, los organizadores tienen que "mover montañas" para lograr convocar unas decenas de participantes relevantes en el tema. 

El insuficiente poder de convocatoria no es porque nuestras organizaciones en pro de la montaña (Foro de Montañas, Alianza para las Montañas,Iniciativa de Investigación en Montañas, etc.) no hacen un buen trabajo; al contrario, gracias a ellas el tema está bien presente en cada congreso. En mi opinión el problema es la propia diversidad de las montañas: la enorme complejidad crea tantas realidades que no se les puede incluir en un solo discurso coherente para "vender" las montañas. Por ejemplo, el impacto de las pistas de esquí en los Alpes o de los cultivos ilícitos en los Andes, son temas tan diferentes, que difícilmente se juntan en un solo mensaje. O sea, estamos en un muy buen camino para atraer cada vez mayor atención global, pero la diversidad de las montañas es tan grande, que el mundo apenas va entendiendo su complejidad e importancia. Por esto, es crucial la labor de InfoAndina de explicar, comunicar y concienciar. Estoy feliz de poder contribuir con mis dos granitos de arena, desde este espacio de aquí en adelante.