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La iniciativa Yasuní-ITT fue un interesante ejemplo de propaganda ambiental manejada políticamente. Durante seis años que duró la iniciativa, el gobierno del Ecuador promovió a nivel nacional e internacional esta idea bastante atrevida y, en los ojos de varios, ingenua: dejar el petróleo bajo suelo para no afectar el Parque Nacional Yasuní y además contribuir a la mitigación del cambio climático. Para lograr este fin, pedir compensación de la sociedad internacional por el valor del 50% del ingreso potencial del petróleo (7 billones de dólares). Desde el inicio existían dudas técnicas, por ejemplo sobre el principio de que las emisiones de CO2 no se dan por la oferta de petróleo sino por su consumo. También se cuestionaba el mensaje de condicionamiento (si no se recaudan los billones, se explota). Este último aspecto siempre causó sentimientos encontrados entre los potenciales donantes que dudaban de las verdaderas intenciones del país que, de hecho, durante 7 años promovió la iniciativa pero a la vez preparaba técnicamente la explotación.

Finalmente la iniciativa fracasó. Se recaudaron menos de 10 millones de dólares y el Presidente decidió dar paso a la explotación del petróleo. Sin embargo, a nivel de comunicación, la iniciativa ha tenido un enorme éxito. Durante estos años, una campaña con discursos oficiales a todo nivel, esfuerzos diplomáticos y eventos públicos lograron que todo el mundo supiera del Yasuní y la necesidad de conservarlo. Los ingredientes claves: un presupuesto de millones, un mensaje ambiental emitido continuamente por el propio presidente y todo su gabinete, y un grupo de promotores de primera (por lo menos, en un inicio).

Nunca antes he visto que una porción tan grande de la sociedad apoye un tema ambiental específico. Por esto, no era sorpresa que la decisión de dar paso a la explotación causara resistencia general. De hecho, en los primeros días las voces en contra se atropellaron en protestas. Sin embargo, inmediatamente empezó otra campaña de comunicación: aunque durante años se enviaba el mensaje en pro de la conservación y en contra del petróleo, ahora de repente el discurso es que el petróleo es necesario para generar dinero para atender las regiones pobres de la Amazonía (como si 40 años de desarrollo petrolero no han demostrado lo contrario....) y que existe toda la tecnología para explotarlo sin dañar el parque. Nuevamente, una campaña efectiva gracias a un presupuesto aparentemente inagotable y un discurso compartido entre todos los sectores del gobierno.

La nueva campaña se enfoca en el hecho de que la explotación petrolera destruye "solo" mil hectáreas, o sea el 1 por mil de todo el parque. Aparte de esta destrucción directa, se afectarían ríos, suelo, fauna, flora y poblaciones humanas en un área mucho más grande pero la campaña para justificar la explotación omite estos "detalles". El mensaje oficial es "sacamos un poquito para que todo Ecuador viva mejor". Suena lindo y de hecho, los numerosos spots que el gobierno emite por los medios son tan bien hechos, que evidentemente han convencido mucha gente y después de las primeras protestas, las voces críticas apenas son escuchadas.

En realidad, todo el tema del Yasuní, desde su inicio no ha sido ético desde el punto de vista de la conservación. El único argumento válido es "en un parque nacional no se explota petróleo y punto". Si no, ¿por qué fue declarado parque natural? Claro es que el petróleo significa un ingreso importante para el país pero esto no quiere decir que se puede legitimar un tesoro de biodiversidad para vender el hidrocarburo. Qué tal si proponemos quitar todo el pan de oro de las iglesias coloniales del centro histórico de Quito para venderlo. Este oro significa menos que el 1 por mil de la construcción pero generaría mucho dinero, muy necesario para los barrios pobres de Quito. Creo que solo considerar esta propuesta me hace apto para un manicomio. Pero ¿porque la sociedad sí acepta una propuesta similar para el oro negro? Como hemos visto, en el caso del Yasuní-ITT la propaganda ha sido un ingrediente más importante que la lógica y coherencia del discurso. Pero será también porque a pesar de toda la propaganda ¿todavía nos parece más importante el oro negro que el oro verde?