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Conversé con Carlos Mario Zuluaga, director de la Corporación Regional CORNARE, quién me comentó que su institución ha sido pionera con propuestas para mecanismos globales como CDM y REDD+ pero ninguna le resultó rentable económicamente, ni daba solución para gente como María Camila Escobar. Esta campesina, madre soltera, no tiene otra opción para alimentar a sus hijos que tumbar de vez en cuando un par de árboles. A la vez, las agroindustrias e hidroeléctricas aguas abajo hacen millones con base en la riqueza hídrica que campesinas como ella generan gracias a su bosque (todavía) existente. Y CORNARE, como autoridad ambiental, tenía que multar a esta pobre campesina cada rato. ¡Qué injusto!

 

Por esto, CORNARE diseñó un sistema de pago directo; un concepto sencillo acompañado por una plataforma informática avanzada. El concepto es que cada persona, empresa u organización comprometida con el ambiente, entra en una pagina web (www.banco2.com) en donde calcula de forma rápida su huella de carbono, e indica cuánto bosque hay que conservar para compensar esto. Y ahora viene lo hermoso: después se selecciona (con foto, mapa y datos de contacto) a cual familia quiere hacer negocio. Con el pago desde su tarjeta de crédito, establece un contrato civil directo en el que Usted se compromete a pagar y el campesino a conservar. Como gran intermediario está Bancolombia, el mayor banco de Colombia, quien maneja la plataforma financiera para hacer las transferencias y asegura que el 100% de los fondos lleguen (en cuotas mensuales) a los campesinos. CORNARE no interviene, pero sigue exigiendo su autoridad ambiental controlando que los beneficiarios cumplan con el contrato (la conservación de los bosques). 

 

En tres meses, ya 200 familias (únicamente pequeños propietarios) se hayan inscrito, centenares de personas y  una decena de empresas importantes han contribuido de tal forma que éstas familias han recibido un medio sueldo mínimo cada mes. Como beneficio adicional, se estableció contacto directo, amistades y hasta visitas de gente de la ciudad a las familias en el campo con quien tienen el contrato. El objetivo dentro de medio año es lograr beneficiar a 500 familias y conservar  6000 hectáreas, y en el futuro, todos los bosques de Antioquia. Un aspecto interesante es que el mecanismo no se basa en una cuantificación del servicio ecosistémico donde se correría el riesgo de que “el que más tiene, más recibe”. En realidad, no se “compra” una determinada cantidad de carbono, sino que se contribuye a que una familia, independientemente de que tenga mucho bosque o poco, reciba un ingreso digno (un sueldo mínimo) cada mes, como reconociendo de su esfuerzo por conservar el bosque. Por esto, es un verdadero sistema de pago en cambio a un servicio que va más allá que una cantidad de carbono.

 

Entré en el sistema y ya hice negocio. Ahora sé exactamente quién es mi socio y cual bosque está siendo conservado. Es bastante satisfactorio e invito a todo el mundo hacer lo mismo. Es una de las únicas formas en que uno personalmente puede tomar la responsabilidad de pagar por los servicios ecosistémicos en vez de esperar que un tercero lo haga.

 

Porque el sistema está basado en contratos e intercambio de capitales (capital financiero por capital natural) CORNARE considera a las familias participantes como banqueros. El doctor Zuluaga me contó una anécdota que demuestra el impacto positivo que tuvo el sistema en la confianza y la apropiación de la gente: la misma doña María Camila es uno de los primeros banqueros y feliz con la iniciativa porque ya no tiene que tumbar porque vende sus árboles en pie. En el evento de inauguración del BanCO2, después de haber recibido su primer pago, se acercó al Presidente de Bancolombia para pedirle unos minutos de su tiempo porque “entre banqueros, nos entendemos”.