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Un ejemplo conocido forman las Islas Galápagos, donde el turismo es la mayor preocupación en el manejo. Aquí, el aumento en visitas no solamente significa una mayor presión directa sobre el frágil paisaje isleño, sino que también implica toda una dinámica de mayor demanda de hoteles, restaurantes y barcos, que genera mayor inmigración del continente que a su vez demanda escuelas, hospitales, almacenes, etc. Así el turismo se convirtió en el principal dinamizador de la economía, con todas sus implicaciones en cuanto a crecimiento de la población, movilización de la gente, crecimiento de infraestructura, etc. Aunque hay muchas iniciativas positivas que promueven un turismo más amigable, hasta ahora ninguna política para disminuir la cantidad de turistas ha sido factible y la cantidad de visitantes y sus efectos indirectos siguen creciendo.

En otras áreas protegidas en los países andinos he observado diferentes problemas de manejo turístico. Durante la época de vacaciones he visitado diferentes parques con una promoción turística activa. Pero ¿cómo se manifiesta esto en la práctica? En el Parque Nacional Cotopaxi, se amplió y asfaltó la carretera de acceso en nombre de un mejor servicio al turista. Costó decenas de millones de dólares, mientras que todos sabemos que construir carreteras no es exactamente una herramienta idónea para la conservación de la naturaleza..... La reserva del Cuyabeno (Amazonía Ecuatoriana) está entre los destinos eco-turísticos más visitados en el país; pero durante mi visita de cinco días no vi ningún guardaparque ni otro indicador de que me hospedaba en un área protegida. Recorrí una gran parte de la reserva Eduardo Avaroa (Sierra Boliviana) y aunque hay un control de ingreso (y un cobro considerable al turista), no encontré ningún puesto de información, centro de interpretación u otra manera de conectar el turista con la conservación. Cada año, en esta época decenas de miles de personas visitan al Parque Nacional Machalilla para observar ballenas, pero sus pueblos costeros siguen siendo pobres, desorganizados y contaminados.

Hay muchas prácticas humanas que amenazan la integridad de las áreas protegidas: ganadería, agricultura, tala, quema, cacería, etc. El turismo correctamente es visto como una potencial alternativa: es amigable con la biodiversidad, genera ingresos para la población local y conecta la población externa con el área. Sin embargo, mientras que esta actividad siga siendo vista como "gratis", es decir, que no necesita inversión para su regulación, información y control, no se aprovecha su beneficio al máximo. Si encima va asociada con políticas que prevalecen la infraestructura y el ingreso económico sobre su contribución a la conservación, la vaca sagrada se puede convertir en una amenaza igual que las vacas de carne y hueso.