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Sin embargo, el objetivo de este articulo no es hacer promoción turística sino analizar porque existe una (relativamente) buena gestión ambiental en Chiapas. Tuve la oportunidad de visitar muchas comunidades campesinas y autoridades locales para evaluar un programa de conservación de recursos naturales. Me llamó la atención que muchos campesinos participan voluntariamente (y a largo plazo) en el monitoreo de agua, clima, flora y fauna. En el manglar, los pescadores aplican un sistema de pesca responsable que tiene una altísima aceptación (de más del 80% de todos los pescadores). Más de la mitad de las numerosas micro-cuencas tienen comités de gestión con el apoyo concreto del municipio y del gobierno nacional. Finalmente, programas gubernamentales han logrado incluir decenas de miles de hectáreas en restauración forestal y en conservación voluntaria.

En Chiapas existe la misma diversidad que en los otros países de Latinoamérica, de esfuerzos bien intencionados de educación ambiental y campañas de comunicación de las ONG's y agencias de gobierno. Pero ¿porque aquí si se logró una conciencia mayor y una participación activa de la población en temas de conservación? La respuesta es ¡el riesgo! Ésta es una zona con altos índices de huracanes que afectan especialmente la zona costera. En esta zona, menos de 20 km. separan las montañas de 4000 m del Océano Pacífico. Cuenta con volcanes activos y una pluviosidad extremadamente alta. En los últimos 15 años, tres huracanes mayores (Mitch, Stan y Bárbara) han causado pérdidas enormes que afectaron a la población, la infraestructura, los cultivos y la pesca. Después de tres golpes fuertes, es notable que todo el mundo sabe que la infraestructura verde (es decir, los bosques, humedales, manglares) es la única que les da seguridad económica y social. Y estos desastres les motivó directamente a manejar bien sus bosques y cuencas.

Esto no es nuevo; parece más bien una característica humana que primero hay que sentir antes de actuar. Recordamos que las emergencias climáticas de 2010 y 2011 lograron que Colombia tomara en serio la adaptación al cambio climático, mediante la mayor inversión pública en su historia en temas ambientales. La conciencia ambiental en la Costa Norte peruana recibió su mayor impulso después de los desastres de El Niño de 1998 y de repente, varios proyectos ambientales millonarios fueron dedicados a esta región. Esto no es un fenómeno endémico de los países en vía de desarrollo: Los Estados Unidos recién reconoció formalmente la importancia del cambio climático después de los desastres causados por los huracanes Katrina (2005) y Sandy (2012); este último influyendo directamente en el resultado de elecciones presidenciales.

A pesar de los buenos esfuerzos y efectos de las campañas constantes sobre comunicación ambiental, es cínico constatar que se necesita de un desastre para que la gente realmente tome conciencia. Es casi un "mal que por bien no venga" que los desastres naturales dejan algo bueno, como he visto en los esfuerzos colectivos para la conservación en Chiapas. Por supuesto, de ninguna manera deseo que haya un desastre similar que afecte a nuestros países, para lograr que la gente siente la importancia de la conservación ambiental. Ojalá no fuera necesario importar de México a un "Mitch" o un "Stan" para crear mayor conciencia amplia en nuestros países. Prefiero que sigamos disfrutando de otros productos de la diversidad mexicana, como las tortillas y el mezcal .