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La luz solar es más fuerte donde la distancia de la tierra hasta el sol es menor y a mayor altitud, porque allí existe menor difusión atmosférica. Por esto, en las altas montañas en el trópico existe una mayor irradiación. En teoría, la punta del Chimborazo (que, a pesar de no ser la montaña más alta del planeta, es el punto más cercano al sol por la forma elíptica de la tierra) es el candidato ideal para ser el punto con más luz, pero gracias a la menor humedad en la atmósfera de los Andes secos, el altiplano entre Perú, Bolivia, Chile y Argentina recibe este honor. Pero las diferencias no son grandes y en realidad, toda la región de los Altos Andes es una zona altamente iluminada.

El suelo es, por supuesto el sustrato clave para el sustento de la agricultura y por esto, de la productividad, de la seguridad alimentaria y de la cultura Andina. Sin embargo, la singularidad de los suelos de los Andes generalmente no es tan valorada. No obstante, varios estudios han enfatizado que por la combinación de factores geomorfológicos y climáticos, ciertos suelos andinos pueden acumular grandes cantidades de materia orgánica y llegar a tener una profundidad enorme, de hasta varios metros. Razón por la cual, estos suelos son la esponja natural que regula el agua en gran parte de los Andes. Además, tienen tanto carbono acumulado que son un sumidero natural para gases de efecto invernadero; en realidad el suelo negro y profundo de los páramos y bofedales andinos tiene aún más carbono acumulado que una selva tropical.

He aquí dos razones para que este año también se deba celebrar en los Andes. ¡Estamos en la zona con mayor cantidad de luz en el mundo y con los suelos más importantes del continente! Espero que se logre, a través de iniciativas como la declaración de Años Internacionales temáticos, seguir atrayendo atención a nuestro paisaje de suelos profundos y de mucha luz. ¡Que sea un año profundamente iluminado para las montañas y sus habitantes!