pp pp pp pp pp

En otros países del mundo, el orden de las mayores amenazas a la biodiversidad es diferente. Tengo la enorme suerte de pasar unos meses en Nueva Zelanda. Es un país excepcional en cuanto a paisajes y biodiversidad.  Las islas que forman este país, se separaron del mega-continente Gondwana hace 100 millones de años, o sea, antes de la aparición de los mamíferos. Cualquier especie que vive naturalmente en Nueva Zelanda debe haber existido en la era de los dinosaurios o arribado después, vía aérea o marítima. Quiere decir que en este país hay muchas especies de aves, peces y algunas especies muy curiosas de anfibios y reptiles, pero no hay mamíferos terrestres. Durante la evolución de decenas de millones de años y en ausencia de mamíferos predadores, muchas aves perdieron la necesidad de volar y los reptiles se especializaron (larga vida y poca tasa de reproducción). Estas adaptaciones resultaron poco útiles cuando las islas fueron colonizadas. Hace unos mil años, los antepasados del pueblo Maori llegaron del Océano Pacífico y encontraron un país lleno de grandes aves, mansas y sin capacidad de volar ¡vaya paraíso! Los Maori, con ayuda de sus perros y una especie de rata (que trajeron desde Polinesia) causaron la extinción de los moa, una especie de avestruz enorme. Y con ellos, su único enemigo natural: el águila de Haast, el ave rapaz más grande que el planeta ha conocido.

El daño causado por los Maori fue, sin embargo, marginal comparado con el efecto de la invasión europea. Nueva Zelanda es uno de los países colonizados más recientes: apenas hace unos 200 años se establecieron asentamientos europeos para cazar focas y ballenas y pastar ovejas. Los europeos, con el conocimiento naturalista de ese entonces, consideraban que la biodiversidad Neozelandesa no era completa, porque faltaban grupos completos de plantas y animales. Por esto, introdujeron deliberadamente venados, conejos, gatos, mustélidos y patos de Europa y zarigüeyas y walibis de Australia. Además, accidentalmente arribaron ratas y ratones del viejo continente. Estas introducciones resultaron en el peor error histórico de la colonización de este país. Los gatos, comadrejas y ratas armaron un festín sobre las aves, ranas y reptiles y los venados y las zarigüeyas acabaron con la flora nativa, dañando el hábitat para los animales sobrevivientes. Su impacto es tanto, que la mitad de las especies de aves desaparecieron en solo 200 años, y la cantidad de individuos es posiblemente solo el 10% que antes. Hoy en día, ya protegidos prácticamente todos los bosques naturales, el control de especies invasoras es de lejos la mayor preocupación para la conservación en Nueva Zelanda y cuesta decenas de millones de dólares anuales. A pesar de ello, solamente en algunas pequeñas islas oceánicas se logró la erradicación total de mamíferos. Si uno tiene el privilegio de visitarlas, se nota inmediatamente que el bosques es tres veces más denso y el canto de las aves diez veces más intenso. Entonces, no sorprende que en Nueva Zelanda cualquier persona mencione a las  "especies invasoras" como la mayor amenaza a la biodiversidad.

Volviendo a Latinoamérica: ¿por qué no existe la misma preocupación?  Evidentemente el impacto de las especies invasoras no es tan visible porque no tenemos una historia evolutiva singular como la de Nueva Zelanda: nuestra biodiversidad, está, de alguna manera, mejor equipada para competir con invasoras. Pero definitivamente si las hay y ¡están presentes en todos lados! La trucha arcoíris y la tilapia del Nilo son ejemplos bien conocidos, igual que el eucalipto, el pino y la retama. Inclusive, mucha gente ya los reconoce como parte de nuestra naturaleza, digno para proteger (increíblemente, todavía existen cuotas para la pesca de trucha con el fin de ¡protegerlas!). Pero definitivamente esto es un error: si bien se puede reconocer la importancia económica y social de estas especies, forman una amenaza enorme a la biodiversidad nativa. ¿Cuánto? Pues, allí está el problema: no lo sabemos.... Hay indicaciones de que la trucha ha acabado con especies nativas de los ríos andinos y que el pino invade pajonales naturales pero la cantidad de estudios que cuantifican esto son pocos. Con excepción de estudios sobre el impacto de especies invasoras en espacios específicos (por ejemplo, las islas Galápagos), no tenemos conocimiento sobre este tema. Y lo que no se conoce, no se maneja. Por esto, me encantaría hacer un llamado a generar más conocimiento y conciencia sobre el impacto de las especies invasoras. Afortunadamente, tenemos la suerte de que Latinoamérica no tiene una situación tan dramática como la de Nueva Zelanda, pero espero que sí consideremos este ejemplo para tomar en serio "la quinta amenaza"