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Las Naciones Unidas suelen bautizar años internacionales en honor a ciertos temas o productos, con el fin de sensibilizar a la opinión pública y promover su uso y buen manejo. Para Latinoamérica en el caso de las legumbres es poco necesario. Porque ¡somos frijoleros! Aunque comemos otros granos también, el fríjol es parte fundamental de la alimentación y por esto, de la cultura latina. Especialmente en Mesoamérica y en países como Colombia, Paraguay y Brasil, familias enteras comen fríjoles hasta tres veces por día. Ricos y pobres, en el campo y en la ciudad, en la casa de la abuela y en el restaurantes gourmet: todos comemos fríjoles.

Además, los fríjoles se originaron en las Américas. Contrario a otros cultivos (como el cacao o el maíz; como describí en este espacio hace unos meses), en el caso de los fríjoles no existe una competencia sana para debatir el origen de domesticación, porque !el fríjol tiene dos centros de domesticación independientes! Arqueólogos descubrieron que fue cultivado hace miles de años, tanto en Mesoamérica como en los Andes. O sea, es un cultivo netamente latinoamericano. Y junto con la papa y el tomate, es una de nuestras principales contribuciones a la seguridad alimentaria mundial. De hecho, hoy en día en los países de África oriental los fríjoles son una fuente de proteína aun más importante que en Latinoamérica.

Para demostrar la importancia de los fríjoles para el latino, se me ocurre una anécdota graciosa. Hace algunos años visité una vereda en el oriente de Caldas, Colombia. Los campesinos allá están acostumbrados a preparar un desayuno bastante cargado, para resistir el trabajo pesado en la montaña durante el resto del día. Y por supuesto, los fríjoles no pueden faltar. Así fue que conversé con un productor que perdió su cosecha de fríjoles. El se quejaba: "Sin fríjoles, el desayuno solamente tiene arepa, queso, huevo, chorizo, plátano, arroz y chocolate. ¡Es como no haber desayunado, pues!"

Aprovechamos el año internacional de las legumbres para celebrar nuestro fríjol: nuestro propio alimento fundamental y nuestra contribución al menú global. A la vez, les invito hacer un buen propósito para el 2016:  buscar formas para aumentar el uso de los fríjoles y las otras legumbres. Comerlas más frecuentemente como alternativa saludable a la proteína animal; preparar diferentes tipos para variar el menú y poner mayor atención a su origen para apoyar al pequeño agricultor y a la producción limpia. Pero más que nada: disfrutar de su excelente sabor. ¡Feliz año frijolero!