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ECOANDES: antes un programa de investigación en Colombia; ahora un proyecto de conservación en Perú y Ecuador

(23 septiembre 2019)

Recientemente, llegué a un momento en mi carrera personal que parecía completar un ciclo. Mi primer trabajo remunerado como biólogo (porque antes de convertirme en biólogo, tuve trabajos como ayudante de granja, copiadora de software y reciclador de papel usado) fue estudiar el impacto de la quema y el pastoreo en los ecosistemas de páramo en Colombia. Esto fue parte de un programa de investigación de varios años, dirigido por institutos de investigación holandeses y colombianos, llamado ECOANDES. Este programa, iniciado y supervisado por profesores eminentes como Thomas van der Hammen y Antoine Cleef, fue un hito en la historia de la ecología andina porque fue el primero de su tipo en hacer una evaluación completa y multidisciplinaria de transectos completo sobre la montaña. Con esto, contribuyó a una comprensión completa de los procesos ecológicos a diferentes escalas en paisajes tropicales. Su enfoque específico en los ecosistemas de alta montaña ayudó a atraer la atención académica y política hacia el páramo; en la década de 1980, cuando este ecosistema todavía estaba (literal y figurativamente) cubierto de nubes

Veinticinco años después, el Consorcio para el Desarrollo Sostenible en la Ecorregión Andina (Condesan) ha desarrolló un proyecto para estudiar y conservar los ecosistemas andinos. Este proyecto de cuatro años, financiado por el FMAM y ONU Ambiente y ejecutado en colaboración con las autoridades ambientales de Perú y Ecuador, también se denominó ECOANDES. Coincidencia o no, parecía apropiado adoptar el nombre del programa de investigación pionero de los años setenta y ochenta, porque tenía como objetivo dar el siguiente paso en la investigación ecológica de alta montaña. El ECOANDES del siglo XXI se centró en determinar las reservas de carbono para mostrar el papel de los ecosistemas en la mitigación del cambio climático; desarrolló y aplicó herramientas de restauración a gran escala y proporcionó conocimiento para mejorar el uso de la tierra agrícola (entre muchas otras actividades).

Probablemente no porque solía trabajar para el ECOANDES original, pero más bien porque más adelante en mi carrera también formé parte de Condesan (durante su Proyecto Páramo Andino), fui invitado por ONU Ambiente para evaluar el proyecto ECOANDES. Y me sorprendió gratamente la calidad de la investigación, la cantidad de productos interesantes y el impacto que tuvo el proyecto en el campo. Ciertamente honró el nombre de "ECOANDES" porque este nuevo proyecto también resultó ser un hito en la historia de la ecología andina al establecer estándares para la restauración del ecosistema, la creación de áreas de conservación y uso sostenible, y el monitoreo del carbono.

Una iniciativa grande pero complejo para mitigar el cambio climatico en paisajes forestales

(13 junio 2019)

Desde fines de 2018 hasta mayo del 2019, la compañía DAI  me contrató para dirigir la primera evaluación de la Iniciativa para Paisajes Forestales Sostenibles (ISFL, por sus siglas en Inglés) del Fondo del Banco Mundial del BioCarbon. Este es un programa global que apunta a proporcionar pagos a países en vía de desarrollo, que reducen las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel de paisaje. Esto implica que las actividades que se apoyan incluyen la conservación de bosques y ecosistemas para mantener las reservas de carbono, así como la agricultura sostenible para aumentar estas reservas. La ISFL incluye un enfoque jurisdiccional que significa, entre otras cosas, que las reducciones de emisiones se calculan para una provincia o región completa dentro de un país. El Fondo BioCarbon planea invertir 380 millones de dólares en los próximos 15 años para esta Iniciativa, que potencialmente es un apoyo altamente impactante para los países de África, América Latina y Asia. Los fondos para la Iniciativa son proporcionados por Noruega, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos.
Evaluamos los primeros cinco años de la ISFL, que ahora está activa en cinco países (Colombia, Etiopía, Indonesia, México y Zambia). Este período de inicio se dedicó a diseñar acuerdos institucionales, establecer líneas de base y escenarios de referencia e involucrar a las partes interesadas a nivel nacional y local. Tuve la suerte de visitar Zambia y Colombia para obtener una visión de primera mano de la implementación de la ISFL. Encontramos que el ISFL es realmente un programa innovador; una especie de siguiente paso lógico más allá de REDD + (que se enfoca solo en la conservación de bosques). Aunque la Iniciativa logró un progreso considerable en todos los niveles, los socios a nivel mundial y nacional también encontraron que este enfoque integrado para reducir las emisiones de GEI y mejorar las reservas de carbono es un asunto complejo. Todavía hay muchos desafíos que van desde obtener la ciencia correcta y crear un entorno de políticas propicio para asegurar la participación adecuada y justa de las partes interesadas (comunidades locales, mujeres, gobiernos jurisdiccionales, sector privado, etc.). Será muy interesante ver cómo se desarrollará esta prometedora Iniciativa en el futuro.

Manejar el paisaje para conservar la vida silvestre

(22 febrero 2019)

En diciembre y enero colaboré con el PNUD para evaluar el proyecto GEF “Paisajes y Vida Silvestre” que está siendo ejecutado por el Ministerio de Ambiente del Ecuador y WCS. Es un proyecto innovador porque es prácticamente el primer proyecto GEF en el continente que enfoca a la conservación de vida silvestre. Además, el proyecto aplica esta conservación mediante el manejo de paisajes, es decir: en vez de enfocar en especies individuales o áreas específicas, busca un manejo integral de paisajes, incluyendo áreas protegidas y no protegidas y áreas agrícolas. De esta manera, el proyecto busca colaborar con comunidades locales para que todo el territorio se convierte en un hábitat seguro para especies emblemáticas y vulnerables como el cóndor, el manatí, el jaguar o el oso andino.

El proyecto fue bastante exitoso, con muchos resultados positivos como el establecimiento de tres nuevas áreas de conservación y uso sostenible (ACUS) y la declaración del humedal Ramsar más grande del país. También había muchas experiencias positivas de colaboración con comunidades quienes implementaron proyectos productivos como la cría de animales como fuente proteínico y así, reducir su interacción con la vida silvestre.

Lo que más me llamó la atención fue el cambio de enfoque sobre el manejo de conflictos entre humanos y vida silvestre. Cerca de las áreas protegidas, y con un mejor manejo de éstos, hay una creciente población de animales que interactúan con la agricultura. Especialmente en los Andes, hay muchos casos de osos que han comido la cosecha de maíz o han atacado ganado joven. El enfoque tradicional para manejar estos conflictos fue viendo el animal como el problema y se tomaron medidas como captura, traslado o, en casos extremos, eliminación. Este proyecto, sin embargo, aplicó un manejo de conflicto enfocando al humano: mediante una mejora en el manejo agrícola, se puede evitar los conflictos prácticamente hasta cero. Y son medidas simples, como instalar bebederos para el ganado para que este tiene que ir lejos a tomar agua (y tener chance de ser atacado por un oso), o ubicar espacialmente bien los maizales para dificultar el acceso para el oso. Esto me ha demostrado una lección importante: la conservación puede ser sencillo cuando aprendemos de co-existir con la naturaleza en vez de verla como un problema.